Lo estoy escuchando de nuevo.
Ya dije antes que este tipo para mí no era discutible, al menos desde la parte escrita. Esta bien que musicalmente no se jugó mucho, pero tampoco me importa.
Y reconozco que en un principio no me gustaba, o al menos eso decía, lo consideraba un "flojito", vaya a saber qué tipo de consideración era esa. Suerte que cambié de opinión y en el encierro de mi casa, de mi cuarto, puse un casette (¿seguirán existiendo?) que me prestaron. Mis primeras impresiones fueron varias: "Eh... no está tan mal", "La voz está copada", "Epa cuánta razón tiene" y finalmente "Este tipo sabe de lo que habla y que bien lo expresa".
Siempre dije que soy bastante fundamentalista para la cuestión musical pero por suerte pude comenzar a cambiar un poco ese tema porque la cantidad de cosas que me estaba perdiendo eran impresionantes.
Sabina tiene una mezcla de noche, alcohol, amor, odio, dolor, excesos y varias cosas más que le dan una actitud y facilidad para la escritura única.
Si nunca lo escuchaste, dale una oportunidad, si estás dolido, molesto, enojado o enamorado seguramente te pegue algún que otro golpe bajo. Y eso a veces está bueno ya que por lo general tendemos a evitar ese momento, pero la descarga posterior valdrá la pena.
Y sino le quieren dar la oportunidad uds. se lo pierden, más Joaquín para mí. Suerte que este mes sale el disco nuevo, con tiempo suficiente para gastarlo a escuchadas (y algo más) hasta enero.
Juan: no pude evitarlo, lo dijiste y lo escuché decenas de veces. Tuve que terminar poniendo la letra.
FP: te odio Joaquín. Lo que daría por ser yo quien escriba esto:
"Y sin Embargo" (= amor + dolor)
De sobra sabes que eres la primera,
que no miento si juro que daría
por ti la vida entera,
por ti la vida entera;
y, sin embargo, un rato, cada día,
ya ves, te engañaría
con cualquiera,
te cambiaría por cualquiera.
Ni tan arrepentido ni encantado
de haberme conocido, lo confieso.
Tú que tanto has besado
tú que me has enseñado,
sabes mejor que yo que hasta los huesos
sólo calan los besos
que no has dado,
los labios del pecado.
Porque una casa sin ti es una embajada,
el pasillo de un tren de madrugada,
un laberinto
sin luz ni vino tinto,
un velo de alquitrán en la mirada.
Y me envenenan los besos que voy dando
y, sin embargo, cuando
duermo sin ti contigo sueño,
y con todas si duermes a mi lado,
y si te vas me voy por los tejados
como un gato sin dueño
perdido en el pañuelo de amargura
que empaña sin mancharla tu hermosura.
No debería contarlo y, sin embargo,
cuando pido la llave de un hotel
y a media noche encargo
un buen champán francés
y cena con velitas para dos,
siempre es con otra, amor,
nunca contigo,
bien sabes lo que digo.
Porque una casa sin ti es una oficina,
un teléfono ardiendo en la cabina,
una palmera
en el museo de cera,
un éxodo de oscuras golondrinas.
Y cuando vuelves hay fiesta
en la cocina
y bailes sin orquesta
y ramos de rosas con espinas,
pero dos no es igual que uno más uno
y el lunes al café del desayuno
vuelve la guerra fría
y al cielo de tu boca el purgatorio
y al dormitorio
el pan de cada día.



